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sábado, 30 de marzo de 2013

La fuente mitológica... Relatos de Parxti




Juan Carlos nos presento a Maika, su mujer y tras abonar las consumaciones nos invitarón a seguirlos por las estrechas callejuelas. Los dos rondaban los treinta y tantos y se veía que cuidaban el físico con algún deporte que sin duda practicaban con regularidad. Los tacones de Ella repicaban en el silencio de la sacra siesta contrastando con el sigiloso pisar de Carmen. Durante el trayecto hacia su casa no hablamos prácticamente nada. Ese es un momento que a mi personalmente me encanta, donde todo es todavía una duda y el estomago se encoge ante el eminente placer futuro. Mil pregunta te asaltan el vertiginoso pensar y un nudo de sensaciones se aprieta en el interior.

Nosotros, ligeramente retrasados a su paso, nos cruzábamos alguna mirada que ya conocemos y así, como tantas otras veces, comunicábamos en silencio. Observando al detalle la próxima perversa amistad e intentando adivinar la sustancia más allá de las formas que se dejaban intuir.

La verdad es que los dos iban bastante bien vestidos, aparentemente desenfadados, pero se veía el buen gusto. El muy casual y Ella, concorde al horario pero bastante sexy. Con un completo corto de punto de lana, unas botas altas y un bonito abrigo largo. Carmen se había puesto un vestido estampado que ceñido a su cintura le resalta de manera perfecta la figura, con sus botines de piel de tacón bajo y la cazadora roja. A mi, vestida así me encanta, la encuentro siempre muy guapa.

Aquella placita desierta detrás de la esquina era muy bonita, con una fuente de inspiración mitológica cuyos juegos de agua, mezclados al incipiente olor de la eminente primavera conjugaban perfectamente con el encanto de aquel apacible rincón urbano.

Juan Carlos se detuvó delante a la basca de la fuente y le pidió a Maika, que nos ilustrará sobre aquel armonioso monumento. Ella, con gran dominio de datos, nos describió al detalle historia y significados de aquellas cuatro estatuillas alegóricas. Según nos ilustraba sobre cada una de ellas, se desplazaba a una posición cercana a la protagonista de la historia que con profusión de detalles nos brindaba con gracia. Su sensualidad y erotismo crecía a la par de la intensidad de su descripción. Cuando finalmente alcanzó el punto álgido en correspondencia con la escultura central, Maika se sentó al borde de la fuente, se desabrocho el abrigo, abrió las piernas y su corto traje, al no llevar íntimo de alguna clase, nos dejo a la vista con facilidad, su chochito perfectamente depilado.

Carmen y yo estábamos extasiados de la imprevista conclusión de su excitante explicación y encantados de ver aquella mujer, exhibiendo así su generosa bulba que ahora solicitaba sin alguna sombra de duda, ser estimulada.

Fue Juan Carlos entonces que tomo la palabra para decir:

Dice la leyenda que si esos labios, que de sexo han de saber, son sabiamente estimulados, al centro exacto del maléfico encanto, las cuatro hadas, ahora convertidas, en opulentas doncellas congeladas, por un sáfico placer fuerán despertadas, a eternas damas del deber, juntas las 4, serán consagradas.

Carmen nos miro a los dos interrogante, sorprendida de la situación y divertida por la extraña alocución, Maika empezó a tocarse el clítoris con una mano en tanto con la otra abría su sexo cuanto sus largos dedos permitían. Entre los dos condujimos allí a Carmen quien trás arrodillarse delante de aquel sexo vicioso, se perdió entre humores con tal entrega que Ella, de piernas abiertas al libre albedrío no tardó en estremecerse en un intenso orgasmo de gemidos que se fundían a la perfección con el acuático susurro de aquellas que, ya sabíamos, pérfidas estatuillas.

Cuando Carmen se retiró hacia atrás para coger aire después de aquella suculenta degustación, fue Juan Carlos que desenvaino su miembro y la penetró sin contemplaciones, embistiendo con insistencia a su hembra hasta alcanzar, esta vez juntos al unísono, otro placentero climáx.

Maika estaba como aturdida, sentada a piernas abiertas, sobre aquella pulida monumental piedra cuando El, su consorte, me alargo un profiláctico y a señas me indico de poseerla sin más dilación. Envainado mi ahora grueso argumento en la de látex protección, cual fue mi gusto corporal cuando dentro de Ella me encontré en posición.

La verdad es que, excitadísimo de largo plazo ante semejante erótico espectáculo, tarde menos en correrme de cuanto hubiera deseado, justo en tiempo pero, para recomponernos en decente postura antes de que un nutrido grupo de ingleses turistas la misma plaza de autos ocuparan.

En dos vías más su casa finalmente alcanzamos. Fresca y acogedora morada se antojaba, cuya gruesa puerta de barroca factura a las espaldas nuestras con suavidad nuestro anfitrión acostaba y de ahí a la lujuria absoluta sin tiempo concedida, entre todos mezclados, con placer fue dada.

Cuyos ricos detalles, no son más pertinentes, pues es de vuestras calenturientas mentes, dar rienda suelta al imaginar. Por eso, a nuevas entregas os emplazamos, y no sin afectuosamente saludar, a un futuro eminente os dejamos. Atentamente, Carmen y Roberto, de Parxti saludamos.



Es un relato original de Parxti del 30 de Marxo de 2013


Todos los derechos reservados, Parxti 2013





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